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ROBERTO CHÁVEZ JR.: apellido como punto de partida, no como destino

  • Foto del escritor: Marcelo De La Peña
    Marcelo De La Peña
  • 24 ene
  • 3 Min. de lectura

Hay apellidos en el boxeo que abren puertas y que, a su vez, se convierten en muros difíciles de superar. Esos que condicionan al peleador antes de siquiera elijan su nombre, fijando expectativas ajenas que no ha pedido. El de Chávez es uno de ellos. Por eso, Roberto Chávez Jr. ha decidido no negar ese peso simbólico, pero tampoco refugiarse en él.


Roberto Chávez Jr. revela que será campeón mundial de boxeo en entrevista con Marcelo De La Peña.
Roberto Chávez Jr. revela que será campeón mundial de boxeo en entrevista con Marcelo De La Peña.

Los hechos: Roberto debutó como profesional en 2025. El 4 de julio, en su natal Culiacán, venció por decisión unánime a Richy Robles. Volvió a subirse al ring en septiembre y salió con un empate polémico ante Giovanni Martínez en Nogales. Y en octubre peleó otra vez en la capital de Sinaloa, repitiendo rival y resultado favorable. Cerrando el año con dos victorias y un empate.


La constancia importa más que el récord. Al menos a los 18 años, la forma en la que se construyen los primeros pasos dice mucho más que la prisa por inflar números.


En el discurso de Roberto hay una línea que conviene leer con atención: no quiere rivales fáciles. No lo dice desde la arrogancia ni como pose. Lo dice desde una convicción. En un boxeo mexicano que se ha acostumbrado a proteger de más a los prospectos y a estirar el desarrollo hasta que el tiempo pasa factura, su postura se vuelve una señal interesante.


También lo es su historia amateur, que él mismo reconoce como punto de quiebre. Iniciando con derrota, lejos de frenar su camino, lo empujó a corregir. 19 victorias consecutivas después no solo explican talento por sí solas, también hablan de capacidad de ajuste, algo indispensable cuando el boxeo deja de perdonar errores.


En la entrevista que le hice previo a su exhibición del 24 de enero en San Luis Potosí, Roberto mostró algo que no siempre se ve en peleadores tan jóvenes: claridad sobre los tiempos. Prometió títulos, pero no de inmediato. No habló de atajos. Habló de proceso, de crecimiento físico, de respetar la división antes de pensar en subir. Es un mensaje sencillo, pero poco común en una industria que suele empujar narrativas hinchadas desde temprano.


Hay otro elemento que no es menor: su entorno de trabajo. Sparrings exigentes, preparación con boxeadores de nivel internacional y apertura para aprender incluso de quienes no comparten categoría ni género. Entrenar con Fátima Herrera, boxeadora que representó a México en los Juegos Olímpicos de París 2024, revela algo más profundo que una buena preparación: demuestra la ausencia de conformismo.


Ahora bien, la pregunta incómoda sigue ahí: ¿hasta dónde cargará con su apellido? Esa respuesta todavía no existe. Para su fortuna o su desfortuna, será un tema que no desaparecerá hasta que el nivel de su dinastía lo supere o él supere el nivel de esa dinastía. Sabiendo que el error histórico ha sido exigir antes de tiempo, como si el boxeo no fuera un oficio que se construye a base de rounds y resultados.


Roberto Chávez Jr. no está llamado, todavía, a cargar con la historia del boxeo mexicano ni a representar una dinastía entera. Eso sí, tiene frente a él una oportunidad real: demostrar que el apellido puede ser contexto, no sentencia. Que se puede honrar una herencia sin vivir de ella.


El 2025 fue su año de presentación. El 2026 será de continuación, no de consagración. Y quizá esa sea la mejor noticia. Porque cuando un peleador entiende que el boxeo no perdona la prisa, a lo largo del camino suele devolver algo a cambio.


Su historia apenas comienza. Y en tiempos de urgencias artificiales, preferir escribir capítulos sólidos al principio, en lugar de dorados, es una señal de madurez.

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